– No entiendo cómo os puede caer bien ese tipo.

– Bueno, mujer, no es un político al uso. Tiene un punto descreído, es tranquilo, campechano y hasta parece tolerante en medio de su jauría.

– Nunca se compromete, no me fío. Y de vosotros, tampoco.

Había sido una amiga y, sobre todo, una persona lúcida. Nos jorobaban sus reflexiones cada vez que comentábamos algún chascarrillo relacionado con el personaje. Sabíamos que todo político debe ser analizado de manera crítica. No con desconfianza, pero casi. Máxime si representa valores e ideas tan distintas a las propias. Pero aquel tipo tenía algo que en la conversación de café, sin infundir confianza, no alarmaba. Suficiente en aquel panorama.

Había conseguido liderar la oposición gracias a una derrota electoral estrepitosa por imprevista. La ferocidad de su grupo le resultaba ajena, hablaba de ella como si él mismo no pudiera contener a las bestias, como si no mereciera la pena ensañarse en la pelea dentro de la jaula, porque así, después de gruñir tras los barrotes, saldrían más tranquilas al espacio abierto en el que las observaban los niños.

 

Pasado el tiempo, alcanzó la presidencia del gobierno anunciando lo contrario de lo que iba a hacer, como bien sabían él y quienes le rodeaban, pero quiso mantenerse fiel a aquella campechanía, al saber popular, a las frases hechas de sabor rancio, pero ya no era lo mismo; fue perdiendo sentido del humor y acabó haciendo que lo perdieran quienes le observaban. Seguía sin comprometerse, como decía la amiga, y entonces, ya sí, para casi todos, se hizo poco de fiar. Entonces pudimos descubrir que era él quien elegía entre la manada a los ejemplares más fieros, a los más tontos y a los más repugnantes; los juntaba y los azuzaba a buscar su sitio y su alimento y ellos, unos contra otros, mostraban sus garras y daban zarpazos a los que miraban.

– Tenías razón, mujer. Da miedo.

– Ahora la tenemos los dos. Te ha costado…

– Es que la última…

– Y la anterior y la otra y la otra…

 

(Dedicado al recién nombrado portavoz parlamentariodel PP, pero podrían compartirla, entre otros, Jorge Fernández Díaz, Alberto Ruiz Gallardón, José Ignacio Wert, José Manuel Soria. Y no solo a ellos, porque, además de fieras, hay tontos y repugnantes, tres categorías que no son autoexcluyentes, porque los hay que participan de dos o de tres). 

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