El viaje que iluminó al autor (y a otros muchos)

La edición que Andreu Jaume ha hecho para Lumen del Viaje al sur, de Juan Marsé con fotografías de Albert Ripoll Guspi, invita a pensar y a disfrutar. Tras 57 años en el abandono o en una especie de limbo, sin referencias, aquel texto se hizo público en 2020 –con las pequeñas modificaciones incorporadas por el propio autor tras el rescate de su manuscrito–, junto a un buen número de las fotografías que completaban el proyecto original.

Por ahí empiezan las sorpresas. Por los avatares que rodearon el encargo de Ruedo Ibérico a Marsé, por los conflictos internos de aquella editorial en el exilio que alimentó a buena parte de la disidencia contra la dictadura, por los vínculos de este Viaje al sur con Los Campos de Níjar (1960) de Juan Goytisolo y fotos de Vicente Aranda o con Caminando por Las Hurdes (1959) de Antonio Ferres y Armando López Salinas e imágenes de Oriol Maspons; por la capacidad de la literatura para deslumbrar la realidad escondida y oscura, y por tantas razones más…  

El relato de Juan Marsé resulta formidable y, por ello, el trabajo de Andreu Jaume, su búsqueda y sus aportaciones –imprescindibles para la publicación–, merecen el máximo reconocimiento. Cada uno de los protagonistas añade al conjunto elementos complementarios. Aparte de lo ya referido a Marsé y Jaume, merece la pena reconocer las presiones externas y las tensiones internas en Ruedo Ibérico, que abocaron a la pérdida de materiales extraordinarios de la propia editorial, en la que aparece un tal Jordi Blanc, ahora conocido como Manuel Castells.   

El proyecto de los libros de viaje para dar a conocer la realidad de aquella España heredera de la guerra e hija de la dictadura tenía un valor excepcional. Marsé quería huir de un sociologismo barato, y así lo explicitó en su correspondencia al editor. También habían escapado de ese riesgo sus predecesores, Goytisolo, Ferres y López Salinas. Sin embargo, cabe reconocer que el autor de Últimas tardes con Teresa o Rabos de lagartija elevó la narración a unos niveles símbólicos tan sugerentes como sutiles.

Reconocer hoy la brillantez de la prosa de Marsé es un lugar común. El escritor catalán forma parte del olimpo de muchos lectores por su obra completa. Sin embargo, en 1962 apenas había concluido Encerrados con un solo juguete. Quienes le encargaron Viaje al sur tal vez no podían anticipar que el universo narrativo de Juan Marsé se fundaría en “la tensión nuclear entre realidad e imaginación”. Quizás, porque aquel viaje iluminó su camino.

La realidad que describe Viaje al sur anuncia que, “cuando el lenguaje público está degradado y vigilado hasta el punto de que termina infectando también el lenguaje íntimo y cotidiano, la literatura se convierte en el mejor instrumento para la búsqueda de la verdad” (Andreu Jaume). Marsé encontró en aquel trayecto lo que 57 años después nos asombra.

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