Hay enemigo fuera

No acierto a comprender la razón por la que en El País no se encuentra una carta al director publicada el sábado día 10 que me pareció digna de leer, recoger y guardar. La firmaba Tania Donato Geest  y la titulaban Meter dentro lo que está fuera. Decía así:

“Sí, esta es la estrategia madre de la socio-psicología de derechas, el nudo gordiano, como lo llama Fernando Vallespín en su artículo Eppur si muove. Lo es porque mata dos pájaros de un tiro. Cuando resulta que nada nos explota desde fuera y somos cada una y cada uno de nosotros quienes nos autoexplotamos y, encima, quitamos esa palabra tan fea y hablamos de emprendimiento, motivación, afán competitivo, etcétera (pura charlatanería al servicio de los de siempre), por un lado desaparece el enemigo verdadero: la élite extractiva y asesina y, por otra, se desvirtúa una situación colectiva, social, dirigiendo toda la atención al interior del sujeto; desaparece lo común, aquello que, si lo vemos, si lo recuperamos, permite la organización y la lucha contra el verdadero enemigo que, no lo dudemos, por favor, está fuera.

“Y, esta verdad es la que se difumina a través de libros de autoayuda y de consejos pseudopsicológicos, dirigidos a las clases medias, y series televisivas para las clases humildes que son pura bazofia, pero que básicamente están para distraer y desdibujar a los verdaderos autores de la pérdida de nuestras condiciones básicas para desarrollar una vida digna. Así se crea un modus no-operandi de ‘pensamiento’ muy eficaz a la hora de disgregar lo común.

“¿Cómo cortar ese nudo gordiano?, pregunta Vallespín. No sé qué es más difícil: si unirnos contra ‘el alzamiento del capital’ (reforma laboral) o practicar el lema ‘es mucho más lo que nos une que lo que nos separa’ en los encuentros varios que nos depare la vida”.

Hay responsabilidades dentro

Sin embargo, dentro hay responsabilidades u oportunidades que ejercer. Fernando Savater lo plantea en su artículo, Hacia una Europa de los ciudadanos, en el qyue reflexiona acerca de las próximas elecciones europeas. Quedan aquí los dos últimos párrafos:

Se dice, a menudo con razón, que los políticos electos desconocen o no se ocupan de los problemas de los ciudadanos que les eligieron, obsesionados con sus luchas sectarias y con mantenerse en el poder a toda costa; pero también podría hablarse del desconocimiento irresponsable por parte de los propios ciudadanos de los problemas de la política, que debe conciliar intereses divergentes y beneficios comunes a veces difícilmente compatibles. Por eso es no solo aconsejable sino necesaria alguna forma de educación específica sobre los requisitos y las obligaciones de la ciudadanía, una asignatura boicoteada en España por los sectores clericales más oscurantistas. Resulta suicida consentir una política que solo permite hablar a los poderes de la macroeconomía y la especulación financiera, mientras condena al resto de los ciudadanos a una resignación acrítica o a una protesta desordenada y populista. Existen más ciudadanos que quieren ser escuchados precisamente como ciudadanos informados y no sencillamente como revoltosos vocingleros. La Unión Europea no puede desdeñar esas voces.

“Permítanme, para terminar, una evocación histórica ejemplar. Durante toda la tarde de su trágica colisión, al Titanic llegaron desde otros barcos numerosos avisos de que había peligrosos bloques de hielo flotantes en las aguas que navegaba. Pero el operador de radio del buque las ignoró y no se las comunicó al capitán, porque estaba demasiado ocupado recibiendo y enviando mensajes de los pasajeros de primera clase. Ya sabemos cual fue el resultado de atender solo a estos privilegiados e ignorar las justificadas voces de alarma. No volvamos a cometer el mismo error con esta nave Europa en que viajamos juntos los ciudadanos de nuestras democracias”.

Se puede seguir pensando. Y actuando.

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