¿No les da vergüenza?

¿Basta con confesar los pecados sin cumplir la penitencia?

¿Por qué se empeñan en hacer obras de caridad con el dinero de todos y practican la avaricia con las riquezas que supuestamente les son propias? ¿O será que todo es codicia?

La Operación Padilla, como la ha definido El País, invita a reconsiderar una vez más el papel de la Iglesia en la sociedad española, su relación con el Estado y la permisividad con que se contemplan tantas actuaciones repugnantes.

El que no se escandaliza es porque no quiere.

¡Bendito sea Dios!

 

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