Un grupo de aficionados del Betis decidió recuperar la moral (valga este término polisémico por lo que tiene de contradictorio) de uno de sus jugadores, acusado de maltrato a su expareja, coreando a grito pelado a lo largo del partido poemas de este jaez: “Rubén Castro, alé, alé. / No fue tu culpa. / Era una puta. / Hiciste bien”.

Los medios de comunicación se han echado las manos a la cabeza. Los he oído en varias emisoras de radio. He escuchado incluso a algún reputado comentarista reclamar que un tipo acusado de maltrato debía tener prohibido jugar al fútbol. (¿Y un juez, un periodista, un financiero o un albañil, por qué no?).

Se desprende de esa actitud de los profesionales de la comunicación que ninguno escucha los programas de machismo que, con el deporte por pretexto, circulan por las ondas reclamando oyentes y publicidad, abanderados por compañeros a los que nadie repudia. Se desprende de esa actitud que los símiles machistas o las expresiones que abundan cada día más, ya sea por los “huevos” o los “cojones” de los conductores –compensadas con algún “ole tu chocho”­–, no tienen cabida en sus medios, pese a que los oyentes tengan la falsa impresión de escucharlas a diario.

Somos así. Hipócritas o mendaces. Como el “manque pierda”.

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