Escribir para pensar y contradecir

A veces publico en este Lagar comentarios con los que no estoy muy de acuerdo.

Lo he hecho en ocasiones para mantener el hábito de la escritura en aquellos periodos en los que se seca el pensamiento o, como ya expliqué en alguna ocasión, por hacer dedos, que es algo que me pedía el profesor de piano en aquellos años casi prehistóricos: encadenar escalas, recorrer de manera más o menos armónica las teclas para estimular la agilidad de las manos tras un periodo de inactividad o cuando otros deberes obligaban a reducir el tiempo dedicado al instrumento.

Últimamente he encontrado otro motivo que da mayor sentido al ejercicio de escribir por hacer dedos. Redactar esos comentarios que empiezo a esbozar y que no alcanzan una meta plenamente coherente o razonada abre otras posibilidades: comprender la complejidad de los hechos a los que pretendo enfrentarme, atisbar senderos que no había previsto, advertir contradicciones que merece la pena conservar, ser la propia oposición de uno mismo.

Esto último me agrada e incluso da sentido al deseo que justifica la escritura: pensar. Sí, por eso escribo. Y por eso lo publico. Porque no estar de acuerdo con uno mismo tal vez sea la mejor manera de empezar entender a otros.

Ahora bien, sin exagerar.

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