El PSOE promete un cambio de estrategia. Lo dicen sus voceros bien de mañana. El Comité Federal debate durante el día a puerta cerrada. Antes del encierro anunciaron la mutación; tras el claustro  y el enclaustramiento, con salidas al torno para hablar con las visitas, ya se verá.

¿A qué viene todo esto? Las encuestas muestran que, pese a la que les está cayendo a los ciudadanos, los socialistas no remontan en sus expectativas y que las dos convocatorias electorales en marcha pueden poner en evidencia que, aunque se las hayan puesto como a Felipe II, ni por esas.

O sea, el recurso consabido; a falta de un análisis lúcido, más caña: oposición frontal a los recortes que ellos mismos iniciaron. Bien es cierto que no se atrevieron a tanto como lo demostrado por Rajoy y sus vampiros, pero fueron ellos los que iniciaron la vía de contradecir sus promesas sin ofrecer explicaciones y la de proclamar su conversión a la fe de la austeridad “me cueste lo que me cueste”, ya fuera por una caída del caballo o por un golpe funesto con el pico de la mesilla de noche.

Luego, las informaciones que llegan del cónclave federal (caramba con el adjetivo) plantean otras posibilidades. La conclusión o el objetivo podría haber sido que ya está bien de caminar con la cabeza gacha, convictos, confesos y abatidos por la culpa de un crimen que no perpetraron solos y que otros han utilizado como coartada para tramar un genocidio (algo menos, pero poco).

O sea, que se acabó lo de pedir perdón, entre otras razones, porque nunca lo hicieron de manera clara y porque las excusas que a veces se esgrimieron respondían a meros intereses propios de su especie. Y a partir de ahí, una propuesta: una reforma fiscal para que paguen los que más tienen (grandes fortunas, sicavs, patrimonios que ofenden…) y nada de recortes para los desafortunados absolutos o los mediofortunados.

¿Basta con esto? El problema y su raíz son de otra magnitud. ¿Qué se pretende? ¿Que pague más Botín y que no se obligue a los parados a apagar el fuego? Vale, de acuerdo. ¿Será suficiente para resolver el problema de los ciudadanos o se pretende tan solo lavar la cara del partido? Con el parche ideado quizás pretendan ir tirando e incluso armar cierto barullo, y confusión, ante las citas electorales inmediatas. ¿Es eso?

Para resolver el problema de los ciudadanos no basta. El PP ofende a diario a la sociedad en su conjunto y a sus miembros, uno a uno, en particular, cada vez que proclama que ignoraba la realidad a la que se debía enfrentar y que, por eso, ahora, esa realidad abrumadora le obliga a “hacer lo que hay que hacer”, que es “lo único que se puede “para salir adelante, “cueste (a otros) lo que (les) cueste”.

Para no enterarse de la realidad en la que vivimos, aparte del PP,  ya están IU o UPyD (los nacionalistas son otra cosa, porque ellos sí saben lo que quieren, incluido que a los demás les den pepinos). Por eso no hace falta que se añada más entusiasmo al despropósito. Abstraerse de la realidad o, poco varía, proponer dos medidas ingeniosas para eludir un compromiso ineludible no evita la necesidad de un esfuerzo colectivo ímprobo que, para ser solidario, tiene que ser compartido por una mayoría social. Los partidos, más los que quieren gobernar, están obligados, por responsabilidad y decencia, a asumir el liderazgo. Y si no saben, que se aparten indefinidamente.

Para liderar, para consensuar e incluso para discrepar hace falta un plan: qué se quiere y cómo se pretende llegar allá. Pero de tal asunto se escucha poco. Unos quieren seguir tirando a base de chismes. Otros, haciendo lo que les cuentan y fumando un puro. Entre lo uno y lo otro, así nos va.

Para colmo, Hollande también tiene  ya su propia penitencia. Y Obama ha sacado un eslogan que da miedo: “P’alante”. ¿Eso es todo o es solo lo que parece?

 

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