Feria en El País: de lo íntimo y lo público

Su Feria irrumpió como un torbellino de aire fresco. Al cabo de un buen número de ediciones, Ana Iris Simón alcanzó la cima del prestigio que se supone a los colaboradores fijos de El País. En su libro sobresale su mirada horizontal, a ras de tierra, humana. En el periódico abandona con frecuencia el territorio íntimo o lo utiliza como excusa para divagar sobre las supuestas cuestiones de la vida pública. En estas latitudes se agota la frescura.

La mirada horizontal refuerza la intimidad y la empatía. Es la adecuada para los asuntos cotidianos o domésticos. Cuando se requiere perspectiva, ojo de halcón o, al menos, amplitud de miras, la racionalidad obliga a deambular por las contradicciones que la complejidad impone.

Cualquier mirada decente sobre los asuntos generales, los que afectan a la convivencia y a la ciudadanía, se ve obligada afrontar y resolver matices y, en menor o mayor escala, contradicciones. En esos casos la reflexión, el acuerdo o el compromiso solo está al alcance de quienes buscan una mirada global, siempre bajo el riesgo de omitir detalles relevantes.

Cuando la mirada renuncia a elevar los ojos del suelo se están negando las respuestas que pretenden transformar lo que salta a la vista. Lo contrario, mantenerse en el nivel de la experiencia íntima, confunde el diagnóstico capaz de cambiar lo que aparentemente se pretende.

 

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