Fiesta camino del tanatorio

¿Quiénes serán responsables de las próximas víctimas de la próxima ola de la pandemia? ¿Los encontraremos en los despachos o en la calle, en las listas electorales o en el botellón, en los gremios o en las fiestas? ¿Seremos capaces de trazar los árboles genealógicos que lleven de la celebración a las UCIs? ¿Cómo puede parecer divertida la complicidad con la enfermedad y la muerte?

En las anteriores oleadas se diluyeron las responsabilidades. A estas alturas parece más fácil concretarlas. Ahora no cabe duda de que existen culpables, incluso instigadores. A medida que ha avanzado el oleaje se han esfumado las excusas. Ya no caben. Tienen nombre y rostro, y los lucen sin pudor, desafiantes.

¿En qué disparate vivimos?? ¿Lo más grave que nos ha sucedido es la pandemia o la respuesta de amplios sectores de la sociedad, jóvenes y no tan jóvenes, frente a ella?

Hedonismo, laxitud, irresponsabilidad… Se empieza por el principio y se termina por el final. ¿Es esto lo que se reclama a la supuesta sociedad del bienestar? ¿La fiesta que conduce al tanatorio?

A la ciudadanía responsable en este momento le sobran las sugerencias sanitarias. Lo que se ve en la calle la obliga a recluirse, a echar el pestillo a la cerradura, a negarle el acceso a su propia familia. ¿En eso estamos? ¿Hacia eso vamos?

Estas líneas son el desahogo tras lo visto en el primer fin de semana sin estado de alarma. ¿Un desahogo o un epitafio?

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