Hábitos y sedas, monjes y monas

Comparece Pablo Iglesias en la sesión de investidura del Congreso, acude a la cita con el rey con motivo de las consultas previas a la formalización del nuevo gobierno, se deja ver en alguna de las recepciones solemnes del calendario político… En todos los casos, en mangas de camisa y un punto de desaliño calculado, luce el look de la diferencia como corresponde al del nuevo tiempo que glosó Íñigo Errejón en su Desprecio patricio, publicado en El País y comentado en este lagar, o en  El uso y el valor del gesto político, del blog El laberinto de la identidad de Fernando Broncano, siempre inteligente y documentado.

politicos1esc Días después el líder máximo de Podemos acude a la gala de los Goya con esmoquin. A su lado, Albert Rivera luce idéntico atavío, pero no choca, es coherente con sus hábitos. Cerca, Alberto Garzón soporta una corbata de grueso nudo desprendida de su eje y Pedro Sánchez reitera su traje oscuro y su impoluta camisa blanca lavada y abrillantada con ariel sin más aditamento. Los más ponen en evidencia la falta de ataduras del socialista, pero sólo hay ojos para buscar explicaciones en la vestimenta del otrora capitán de los desaliñados y rastafaris. No importa lo de los demás. Hasta Iñaki Gabilondo parece aturdido.

¿Qué tienen los cineastas que no tengan los ciudadanos?, ¿por qué esa deferencia en el festejo glamuroso que no mereció la recepción real?, ¿a qué se debe esa transmutación entre lo cotidiano y lo excepcional? ¿cuál es el criterio aplicable y el aplicado en cada caso?

Hay personas a las que les había molestado el estilismo del líder podemita y otras a las que había satisfecho… Hasta el domingo. Entendieron que en el cambio de representación se aceptaban las normas tal vez más elitistas y las menos explicables.

Y llegados a este punto cabe concluir que, aunque el monje se vista de seda, a la mona no la hace el hábito.

 

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