Hala Madrid

Acudo al supermercado desprovisto de bolsas. Mientras empujo el carrito camino de las cajas busco alguna de las que ofrece el supermercado a precio razonable; son útiles y casi nunca están de más. Reparo en que todas las bolsas que el súper ofrece en estos tiempos proclaman una identidad, Madrid, con todas las letras más el añadido de ilustraciones con alguno de sus monumentos más reconocibles.

Siento un sarpullido y huyo de la pesadilla. La cajera pregunta si necesito alguna bolsas. Un par de ellas, sin rótulos, por favor. Unas y otras contaminan, pero en desigual medida. De unas se conocen los efectos. De las otras, también.

Quienes representan a Madrid han decidido cargarla de connotaciones repugnantes. Ocurrió antes con España. Son efectos que provocan quienes se erigen en valedores de una marca arrojadiza contra el resto de la ciudadanía. Vendrán otros tiempos que hoy se antojan lejanos.

Ω

 

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