The Times anuncia que el periódico on line renuncia a la actualización permanente para limitarse a tres ediciones diarias. No es una decisión inédita, aunque pueda parecer a contracorriente de la norma general. Existen precedentes y TheTimesuna explicación razonable: contar (muertos, por ejemplo) se puede hacer en tiempo real; comprender (la significación del atentado, para seguir con el ejemplo), no. Y ese es, ahora mismo, el gran problema de los medios. Después de haber sido, durante mucho tiempo, la limitación más característica de la radio, a partir de las redes sociales lo es de la sociedad en general.

El problema ha ido a más. Aquella sociedad que veía sin entender, la que Giovani Sartori analizó cuando la televisión se convirtió en el medio hegemónico y referencial, se superó a sí misma a medida que se ampliaban y amplificaban ventanas y pantallas. Sin entrar en el predominio de lo emotivo sobre lo racional –asunto sobre el que aquí se ha escrito en diferentes ocasiones–, el sometimiento del proceso informativo al dictado de la última hora, la tendencia compulsiva al añadido novedoso, la narración fragmentaria e instantánea (las frases destacadas de una intervención, por ejemplo) inducen con frecuencia al error, a la confusión e incluso a la renuncia a un elemento central del periodismo: la intermediación.

La transmisión de la información en tiempo real sirve para contar, y eso puede gratificar al periodista, pero dificulta la valoración y el análisis, y eso debe preocupar al mismo periodista. Y, sobre todo, corre el riesgo de dificultar y tergiversar la comprensión del receptor; aparte de la saturación que provoca ese proceso acumulativo y su efecto desmovilizador, en tanto que lo importante se transforma en efímero.

thetimesPrimero creímos aquel eslogan que pregonaba “está pasando, lo estás viendo”, con el que se trataba de convertir lo visible en irrefutable, ignorando el carácter fragmentario y subjetivo de lo que el ojo o la cámara pueden ver. Luego asumimos que la suma de datos y testimonios constituían el paradigma de la información y la objetividad, porque reducían la subjetividad del periodista. Como consecuencia, sin contexto, sin depuración de los hechos, sin referencias de la complejidad de cada situación, la calidad de la información decae, porque lo que verdadera merma es la actitud crítica frente la propia información que se ofrece.

Por eso tiene sentido la decisión de The Times. Y por eso tiene sentido, sobre todo, enfrentarse de manera crítica a los procesos informativos –tanto más cuanto más pregonen su veracidad inequívoca–, porque quienes defienden la absoluta veracidad de la información que transmiten son, tan solo, valedores de su propia falacia.

(Ejemplo: ¿Recuerdan a aquel periodista afín al líder Aznar que concluía sus telediarios con un “así son las cosas y así se las hemos contado”? Era su manera de advertir a los espectadores de que les había estado mintiendo. Aunque él y sus seguidores limitaran el alcance del aserto al de una frase meramente ingeniosa, se trataba de una falacia convertida en el símbolo de todo el informativo.)

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