Jornada de reflexión

Vivimos una realidad funesta. Sometidos a las disyuntivas excluyentes. O tú o yo, o nosotros o vosotros, sin más alternativas. Empeñados en la dicotomía inflexible, en la enemistad y el encono. En tener y en crear enemigos. En negar la conversación y, en consecuencia, el acuerdo. Obstinados.

Las elecciones en Catalunya lo vuelven a poner de manifiesto. Varios partidos se confabulan para excluir de cualquier negociación de gobierno a otra formación. Tal vez sea legítimo. Desde luego es significativo.

Los partidos que concurren a las elecciones asumen compromisos distintos. Es su programa. Sin embargo, los confabulados fijan en el mismo momento de su acuerdo la prioridad absoluta. Es una consecuencia de su decisión.

Podrían haber elegido otro objetivo disyuntivo: la igualdad, la sanidad y la educación públicas y universales, la integración de los inmigrantes… Con cualquiera de ellos habrían fijado lo indiscutible, lo innegociable, lo imprescindible.

Los firmantes han decidido, pues, anteponer su afán de independencia a cualquier otro propósito. ¿Caben bajo ese afán los partidos de izquierda? En cualquier caso, cabe concluir que para los signatarios el valor de lo público, el compromiso por la igualdad, la fiscalidad redistributiva, etc. serán asuntos negociables. Segundarios.

Alguno de los confabulados ha explicado que la única manera de que la izquierda triunfe en Catalunya será a partir de la independencia. Porque… Cataluña es de izquierdas y España, de derechas.

Con un par… de datos.

  1. La izquierda independentista (un oxímoron) no ha gobernado en Cataluña, salvo en coalición, con los ahora vetados o con formaciones más a la derecha.
  2. El propósito independentista se sostiene sobre la mayor riqueza de su territorio respecto de otros; algo que construyeron mediante el trabajo (mejor no hablar de explotación) de los forasteros. ¿No les dice nada?

 

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