La bola crece

Nadie quiere quedar fuera de juego. En la protesta de los rebeldes hay argumentos irrefutables y emociones ingobernables. Los observadores atienden el rumor que desprende la marea y al cauce por el que transcurre. Por lo que pueda ser, más que por lo que es. En ese punto de inflexión aparecen las redes sociales, internet, la movilización sin control, el entusiasmo juvenil y su tótem. Sin modelos sobre los que analizar su influencia, se escrutan los símbolos. Para unos, ellos bastan para conferir carácter revolucionario a la revuelta. A otros les abruma el pánico a lo desconocido. La bola gira desconcertada. Y crece.

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