Por primera vez un banquero ha pisado el interior de la cárcel. No más, pero pareció algo.

En realidad se puede asegurar tan solo que un banquero entró en la cárcel, pero que debió hacerlo a través de una puerta giratoria que devolvió al que entraba a  la salida a la velocidad con que los bólidos de Fernando Alonso cambian los neumáticos.

Es lo que tiene ser banquero, que se puede formar parte del centenar de ejecutivos bancarios que ya se han sentado en los banquillos de los nueve procesos judiciales abiertos contras otras tantas entidades financieras.

¡Que suerte! Sí, que suerte, porque solo ellos tienen ese poder de giro que da el dinero. Tal vez no sea suyo, pero lo tienen ellos. Y lo usan o se lo quedan.

Y los demás, atónitos ante la velocidad de la puerta.

– Mejor que no la pruebes. Con los pobres se atasca. Los huele.

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