La decencia de la duda

Las situaciones límite alimentan el error. Cuando surgen en el ámbito del debate público o de la política alimentan, además, a los sectores más radicales. Radicalidad + error. No importa, los ciudadanos buscar asideros en quienes parecen no tener dudas.

A esta sociedad le cuesta asumir la inseguridad y las contradicciones de los dirigentes, incluso las de los más decentes. Resulta más fácil y más seguro seguir la senda del que grita a pleno pulmón con aparente convicción.

Dudar es imprescindible para pensar. El buen dirigente y el buen ciudadano están obligados a dudar y, también, a exponer los motivos de su incertidumbre. Las decisiones resultan así mucho más razonables y el desacuerdo se convierte en un ejercicio saludable y respetuoso. Las dudas y sus razones generan comprensión.

Para empezar, hacia nosotros mismos.

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