La fábula de una sociedad desequilibrada

El buen patrón –protector, atento a las preocupaciones de sus empleados, amable, paternalista– es un verdadero hijo de punta, al que, para colmo, el sistema vigente reconoce y premia. Dicho así, elevando el caso concreto a categoría, El buen patrón, la película de Fernando León de Aranoa, protagonizada por Javier Bardén, es un panfleto. Y algunos espectadores, por lo que se ve en las redes, así lo dejan entrever o lo proclaman.

No se trata de un panfleto, porque todos los personajes con nombre propio en la película se mueven sobre un terreno contradictorio o ambiguo y porque solo uno de ellos merece el supremo valor de la inocencia: el que aparece muy al comienzo y en el plano final de la película.

Tampoco se trata de un panfleto porque el estilo del libelo es incompatible con el ingenio, el humor y los matices. Todo eso abunda en la película de Fernando León Aranoa, construida sobre un guion cargado de sutilezas que culmina confiriendo un valor simbólico a lo que representa el patrón de Balanzas Blanco. El premio al que aspira equivale, sobre todo, al supremo reconocimiento social de su gestión empresarial. Ese era el objetivo.

Pero, sino se puede catalogar de panfleto, tampoco cabe considerar a El buen patrón como comedia o incluirla en el catálogo del mero entretenimiento. Al concluir la proyección, resulta obligado reconocer que se trata de una excelente película, con un magnífico guion y una interpretación soberbia.

O sea, que su elección para representar al cine español en la competición de los Oscars tiene fundamento, aunque se antoje improbable un reconocimiento que contradiga de manera tan radical el criterio glamuroso y conservador de los premios.

Tal vez El buen patrón no sea otra cosa que cine negro en color; un drama contemporáneo y social con perspectiva, a la que contribuye el humor. cabe apuntar un ligero desliz: la inclusión de una trama (la de la becaria amiga de la familia), que el espectador celebra con fruición –por lo que uno pudo advertir–, tratada de una forma más propia de la comedia de enredo que de la contundencia que requiere un asunto cargado de connotaciones que trascienden el pasatiempo y lo anecdótico.

Porque esta fábula realista, El buen patrón, trata de la sociedad en que vivimos. Que se mire desde donde mire está tan desequilibrada como Básculas Blanco.

 

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