Los seis hijos del león Cecil, asesinado en Zimbabue por un cazador (español, se ha dicho reiteradamente, aunque caben dudas), morirán bajo las garras del nuevo rey de la manada.

Es, se interpreta, la ley de la selva.

Esa ley, en todo lo que tiene de peyorativo, la representa como nadie en este caso el cazador que acabó con la vida del león, porque ansiaba la piel y la cabeza del animal.

Bastan algunos detalles de su proceder para comprenderlo. Llegará el día en que conoceremos su nombre y su estirpe. En ese momento no tendremos la menor duda de dónde se encuentra la selva de la auténtica barbarie.

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