¿Qué pasa aquí? ¿Qué nos está pasando? En torno a esas preguntas se mueven, o giran, los personajes de lo que su autor considera “la historia de un extrañamiento, de una pérdida”. Como polvo en el viento se construye así, a través de la memoria y la imaginación de Leonardo Padura, como la crónica de una realidad que aboca a la diáspora. La narración, progresiva y circular, se transforma en una reflexión literaria extraordinariamente compleja sobre el exilio cubano, fruto de una sociedad desgastada más por el cansancio que por la decepción.

La última novela del escritor cubano se sustenta sobre unos personajes formidables y unas relaciones tan poderosas como íntimas. También sobre múltiples escenarios que remiten a un realismo minucioso. En cualquier caso, la narración rueda alrededor del Clan, un grupo de amigos que se relevan como ejes sucesivos de un relato en el que confluyen y divergen las diferentes perspectivas de la realidad que los envuelve, de sus relaciones personales, de los contextos de un exilio sobre el que casi siempre subyace un sentido común de complicidades y de pertenencia.

Los personajes comparten su trayectoria a través de la amistad y los matices de sus propias diferencias. Los afectos comunes muestran los recelos, el miedo e incluso la crueldad, pero también la ternura y la evocación de un tiempo y un espacio que se resisten a desaparecer. Así se desarrolla este relato generacional, de expectativas y frustraciones, de resistencia. A partir de su experiencia y su imaginación el autor sostiene un relato que rechaza el prejuicio, a la búsqueda de una explicación abierta más allá del documentalismo o lo meramente constatable, “reflejo de una memoria que no es siempre la memoria oficial”, aunque pensada y escrita desde dentro, mas sin ataduras.

Se trata, pues, de un retrato coral en torno a la desafección que provoca el exilio, compatible con unas querencias que se sobreponen a la distancia. En el fondo, todos saben que “nadie se va del todo de Cuba”, aunque el exilio haya sido una constante de la isla a lo largo de su historia y no solo desde 1959 o a partir de los años 80, que es el tiempo que relata Como polvo en el viento.

Cabe añadir una discrepancia, demasiado leve para una novela sobresaliente. El retrato de Leonardo Padura sobre exilio resulta tan formidable que concluirlo en forma de trama policial se antoja innecesario. Parece que al autor le pasara factura su estrecha relación con la novela negra y que Mario Conde, su detective particular –sin presencia alguna en Como polvo en el viento– le reclamara un final que en esta obra resulta superfluo e incluso corre el riesgo de aminorar el excelente retrato de las contradicciones y las enfermedades de una sociedad que corrompe y abruma.

Hace ya algunos meses (1), en una conversación personal, Gonzalo Hidalgo Bayal comparaba Como polvo en el viento con Patria, de Fernando Aramburu. Existen elementos coincidentes: el carácter coral de la narración, la creación de personajes verosímiles y complejos, la íntima degradación que generan sociedades condicionadas por una realidad insoslayable, el factor que degrada y corrompe las relaciones más elementales e incluso las más íntimas.

Leonardo Padura descubre en su última novela, de manera admirable, la patria del exilio. O la Patria del exilio.

(1) Luego leí un artículo de Antonio Elorza en El País que abundaba en esa idea.

 

 

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