Izquierda Plural reclama una comisión de investigación sobre el 23F. El PSOE solicita que se desclasifiquen los documentos relacionados con el caso. El PP asegura que ya se conoce toda la verdad, que se trata de un capítulo histórico del que hay que sentirse orgulloso y que no vaya a ser “destruido por otros medios”. Así, de golpe.

¿Efecto Évole?

Quizás, no. Pero, al menos, ya se puede analizar la metamorfosis de algunos de sus críticos (varios dirigentes de Izquierda Plural, por ejemplo): la mariposa que provocó la ligereza de su primeras impresiones se ha transformado en gusano dispuesto a reptar en la podredumbre de lo que un día fue sublime. De los cielos a la tierra.

Por eso no se puede negar, al menos sin temor a meter la pata, que Évole sea ajeno a la transmutación. Aunque ahora también se pueda hablar del efecto Urbano, una periodista renacida, podría decirse sin excesiva exageración, de sus cenizas.

Muerto Suárez, que estaba allí, y del que se vertieron halagos hasta la bulimia (por no insistir en la hiperglucemia), reapareció Pilar Urbano con el anuncio de un próximo libro capaz de hacer explosionar un “o tú o yo” (del rey o Suárez) que añade leña a lo ya sabido, aunque voluntariamente ignorado, porque siempre hay sordos que, para colmo o en su descarga (nunca se sabe),  no quieren oír. Hay pruebas.

Pilar Urbano (que ya puso en ascuas a la Corona con un libro sobre la Reina, en el que afirmaba lo que cabía suponer, por más que resultara más impropio de su cargo que de su largo enojo) ha añadido fanfarrias de ficción a hechos que otros anticiparon y el preámbulo del libro en los medios, una entrevista en El Mundo, ha puesto patas arriba la versión oficial del 23F, del Rey y, tal vez, de alguno más. Los interesados no saldrán a responderla.

Y eso ratifica que Évole tenía razón.

Luego está lo que está. ¿Pero a estas alturas vamos a hacernos cruces?

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