El exilio y la guerra. Y a partir de ello, la familia como instrumento de la destrucción de sus individuos. Esto es La sal, una novela de Jean-Baptiste Del Amo, publicada por Cabaret Voltaire. Destructiva y demoledora. Difícil, a veces pretenciosa y siempre corrosiva, sin resquicio para la ternura. Un retrato familiar sin piedad, abocado al desgarro y a la muerte.

A Jean-Baptiste Del Amo (Toulouse, 1981), nieto de emigrantes republicanos, le avala la editorial Gallimard. Consiguió en 2006 el premio para jóvenes escritores en lengua francesa, luego llegaron Una educación libertina, La sal y hace muy poco, Pornographia, cargadas de reconocimientos como el Goncourt a la mejor primera novela, el François Mauriac de la Academia Francesa y otros.

Los premios no dicen nunca demasiado. Tampoco las solapas o las notas de prensa laudatorias y desinformadoras. A Jean-Batiste Del Amo se le atribuye una brillantez que, en algunos momentos, se antoja suspendida de una cierta autocomplacencia. Sin embargo, en La sal el relato se impone progresivamente a cualquier exceso de estilo para alcanzar una fuerza insoportable. Si esa voluntad de escudriñar sentimientos y paisajes se ajusta a la complejidad de la vida que se cuenta o si se trata de una sobredosis de artificio o autocomplacencia del autor en su propio ejercicio narrativo es una cuestión que pierde relevancia frente a la potencia desoladora de la historia.

La complejidad y la fuerza de la descomposición surgida del desarraigo y la presencia permanente de la violencia y la muerte se imponen a cualquier lastre retórico (convendría acudir a la versión original para poder emitir un juicio más cierto) y sitúan al lector frente al desasosiego.

Jean-Baptiste del Amo recuerda en La sal, aunque abordado de otro modo, la desintegración familiar de El desencanto, la película de Jaime Chávarri sobre la familia Panero. Aquí el desnudo lo realiza cada uno de los personajes por su cuenta ante la perspectiva de una reunión familiar, que les lleva a escudriñar en su pasado personal y las relaciones vividas en el entorno doméstico, machista y homófobo, a lo largo del tiempo.

La sal no es un texto simple ni fácil. En buena medida, porque el autor quiere dejar al lector frente al relato y sus protagonistas: hasta el punto de que el leit motiv del relato y muchos elementos que se suceden a lo largo del mismo quedan en manos del lector, obligado a rumiar lo sentido y a aportar las respuestas que el autor decidió guardar. Más allá de ciertas lagunas y algunas diferencias de criterio,  merece la pena enfrentarse a propuestas provocadoras como esta.

Al menos, eso creo yo.

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