Las razones del azar

Me lo dijo cien veces y rehusé darle la razón. Nacho era binguero y había empollado numerosos libros sobre el azar. Así se convirtió en adalid del albur o la casualidad.

Ahora, en vísperas de las elecciones italianas en las que se espera el éxito rotundo de la ultraseñora Sandra Meloni, a tenor de los disparates que Putin aún puede ordenar o ante el desprestigio de la razón como soporte básico de la argumentación y de la acción política… me asolan todas las dudas.

Si muchas decisiones se hubieran decidido con los dados, habrían resultado menos onerosas, perversas y perdurables que como en realidad lo fueron o aún lo son.

Nacho tenía razón. Y cada quien puede poner ejemplos de primera mano. Porque lo cierto es que, “cuando el delirio se desata, nadie sabe hasta donde se puede llegar”. O, reiterando palabras de Leonardo Padura, “cuando el poder es cruel, las mezquindades humanas están de fiesta”. Y por ahí andamos.

Por eso,“si eres peor que el azar, usa el azar”. Esta recomendación no la suscribe un ludópata sino Javier Sampedro, un excelente periodista científico. Su propuesta solo encierra una dificultad: saber dónde se encuentra el culmen de lo peor.  

Aún así, el designio del azar podría ofrecer –siquiera algunas veces– soluciones que en demasiadas ocasiones se atisban en las antípodas de nuestras realidades.

– Después de años de filosofía, ¡toma conclusión!

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