Nuevo gobierno en la comunidad autónoma, relevo en la dirección en la televisión autonómica. Puro automatismo. Parecía que algo había cambiado: los contratos con los máximos responsables de algunos canales, siguiendo el modelo que inventó RTVE con el PSOE (para que luego el PP metiera la marcha atrás), sobrepasaban los periodos de las legislaturas y eso rompía la dinámica anterior. Pero hecha la ley, se introduce una nueva y el relevo se produce.

Nacho Villa se negaba a abandonar la televisión de Castilla la Mancha; ya está en la puerta de salida. Era una situación innegociable, porque Cospedal eligió a un bulldozer, un auténtico fascista.

Beatriz Maeso reivindicó el año que aún le restaba en Canal Extremadura; ya está en la calle. Y así sucesivamente. Sin embargo, esta vez, el cambio llega envuelto en un debate sobre el modelo y los modales que, por lo menos, tiene interés. Incluso se puede esperar algo.

Tras los fiascos monumentales de Telemadrid y Canal Nou, tras la desvergüenza de Castilla la Mancha, ante situaciones tan deterioradas como IB3 o TV3 (aunque esta no tenga propósito de enmienda ni voluntad de reconocer su creciente desprestigio), los gobiernos regionales se ven obligados a ofrecer desde la complejidad de sus complejas mayorías soluciones atentas a los intereses ciudadanos y adecuadas a las posibilidades económicas de cada autonomía.

De ahí, de ese magma sin hegemonía de un partido, pueden surgir propuestas de interés. Hay que inventar, buscar equilibrios, pensar en los espectadores en su condición fundamental de ciudadanos.

¿Cómo reinventar Canal Nou? Es un compromiso del nuevo gobierno valenciano, que deberá concretarse sobre fangal que generó el anterior ejecutivo regional. Canal Extremadura ya ha encargado a un director técnico el rumbo de la cadena durante un periodo interino, tres meses, hasta la elección del nuevo director general, que se hará mediante un concurso público evaluado por un tribunal profesional. Castilla la Mancha quiere seguir los pasos de la ley que en 2006 aprobó el gobierno de España. IB3 trabaja en la creación de un modelo propio acorde con las características de la población balear.

Cambiarán algunos modales, para bien, pero también será necesario encontrar nuevos modelos que aúnen el interés público de los contenidos y una gestión eficiente para que la tele consiga transmitir un valor social incuestionable.

Habrá que seguir las soluciones que aporte cada caso, pero también, y tal vez, sobre todo, el debate que se suscite en la ciudadanía, en los ámbitos profesionales y, por supuesto, en los políticos para llegar a esas propuestas.

Algo se va a mover… Aunque, luego, pueda llegar un destripaterrones a fastidiar el invento en un dos por tres. Rajoy y su gobierno pueden explicar cómo lo hicieron con RTVE.

El mayor interés de esta aventura radica en su necesidad y en su urgencia, en que o se encuentra un modelo satisfactorio que resuelva buena parte de las deficiencias que arrastra la televisión pública, o esta avanza aceleradamente hacia su desaparición, al menos, como el espacio público y dinámico que debía ser para la información, el entretenimiento y la participación ciudadana.

Trataremos de seguir esos procesos.

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