Lecturas para la esquizofrenia

En estos últimos días he leído dos libros bien distintos y distantes, aunque no complementarios: Por qué Marx tenía razón, de Terry Eagleton, y La torre de la arrogancia, de Antón Costas y Xosé Carlos Arias. Uno remitía a un tiempo, del que no cabe abdicar, en el que tratamos de comprender la realidad para transformarla y el segundo a otro momento, absolutamente actual, en el que tratamos de entenderla para protegernos.

El primero plantea una reflexión teórica o filosófica desde un posicionamiento ideológico inequívoco que invita a un debate más directo en el ámbito de la política o la economía. El segundo analiza las causas de la crisis económica y algunas de sus previsibles consecuencias desde un planteamiento estrictamente académico, aunque afín a una línea del pensamiento económico reconocido.

Uno propugna la vigencia de la filosofía marxista y su significativa aportación a la historia del pensamiento; defiende la validez de sus principios fundamentales para la interpretación de la sociedad capitalista e incluso de su modelo de la postcapitalista. No reivindica, obviamente, los clichés acuñados en torno al marxismo como teoría o utopía política, sino de su ineludible valor como reflexión teórica con voluntad evidentemente transformadora. Y en ese plano la defensa de la razón que asistía a Marx no se puede complementar, para ratificar tal vez su vigencia, con una reelaboración de propuestas para siglo y medio después.

Por el contrario, desde la torre de la arrogancia se aportan análisis y previsiones a la actual situación económica desde la lógica de un planteamiento que prima la eficiencia de las medidas, sin afán de transformaciones profundas en la estructura social imperante. Se acepta que vivimos en una red ineludible y casi indetectable que trató de seducirnos antes de abducirnos.

Ambos tienen una fuerte connotación ideológica. Uno, desde su propio fundamento. El otro, de escuela. Pero uno y otro quizás resulten bien interesantes para hablar sobre la izquierda. De sus objetivos fundamentales. Y de sus propuestas accesibles.

O sea, habrá que seguir en la esquizofrenia de lo deseable y lo posible. Algunas lecturas la abonan.

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