Libertad contagiosa hasta la muerte

El Tribunal Superior de Justicia de Euzkadi rechaza la posibilidad de exigir el pasaporte sanitario para permitir el acceso a determinados espacios públicos en los que quepa prever aglomeraciones. Es la última decisión de un órgano judicial relacionada con la pandemia (desde el rechazo de los estados de alarma hasta otro tipo de restricciones menores) en que la ley –si es que esa es la ley– o, mejor, la interpretación correcta de ley colisiona con la defensa del derecho a la salud de los ciudadanos.Eso parece pese a la argumentación jurídica trufada de eufemismos leguleyos.

“Los jueces tienen que descender a un diálogo equilibrado con los responsables políticos. A veces no se puede aplicar sin más la norma, hay que incorporar la realidad sociológica”. Dicho lo cual, “lo que ocurre es que la visión general de la judicatura está absolutamente desligada de la realidad, es la visión de la norma de la jurisprudencia”. Palabras de una jurista, Manuela Carmena.

Cuando un aula entera de niños se contagie de la covid por un maestro que se negó a vacunarse, cuando un grupo de ancianos recaiga por el contagio de un auxilliar que se declaró objetor, cuando… ¿se les otorgarán honores a los resistentes por su denodada defensa de la libertad y los derechos individuales o se les juzgará por imprudencia temeraria?

Si es cierto que la pandemia está afectando a las meninges, provocando enfermos mentales sin cuento, lo que aquí se propone quizás pueda interpretarse en esa clave. La obligatoriedad de la vacunarse tal vez sea una pretensión psicótica. Pero cabe pensar lo contrario: que ese afán legitimador del radicalismo libertario puede conducir a la legitimación del… asesinato. Tal vez haya alguna familia que no considere esta afirmación como una barbaridad ni fruto de una mente demente.

Sigan blandiendo el sacrosanto nombre de la ley, señores jueces superiores.

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