– Lo primero que un país necesita son ricos.

Me lo espetó, así, sin aviso previo, un economista, profesor de universidad, consultor e incluso avezado asesor financiero y de inversiones. Era peruano y lo decía en Lima. Le respondí:

– Siempre que tú estés entre ellos, ¿no?

Pues no, no era eso. No se trataba de su interés particular, ni mucho menos. Lo decía convencido, como quien te ofrece, de manera altruista, la piedra filosofal para que alcances a comprender todo lo que te rodea. Sonreí escéptico.

Ahora, situado en esta espiral vertiginosa que procede del sinsentido y lleva al caos, ya no tengo dudas: lo primero que un país necesita son ricos. Sólo así se explica lo que vemos.

Quizás no se atrevan a formularlo con tan meridiana claridad, pero eso es, en el fondo, lo que repiten papagayos de pacotilla como Montoro o De Guindos cada vez que imitan otras voces más soberanas. Eso es lo que proclama Mariano, el becario del sentido común, cada vez que toma decisiones que lastran a los pobres y a las clases medias. Y eso lo que arguye la ideología que nos corroe.

Por eso no se persigue a los defraudadores de postín, sino que se les abren las puertas con los tipos fiscales que corresponden a un desempleado; por eso no se gravan las sicav o el patrimonio, por eso se les libera del irpf, por eso no se tocan las grandes fortunas ni las transacciones financieras ni los sueldos que ofenden. Por eso se esconde la corrupción. Y cuando ya no se puede tapar, se indulta.

Porque el capital, los ricos, son lo único importante. Las leyes, las que ya existían y, sobre todo, las que ahora se implementan contra el derecho elemental a la igualdad y la justicia, lo avalan.

Parafraseando a Joseph Stiglitz, en un sistema (él dice país) “donde el dinero puede más que la democracia, no es de extrañar la frecuencia con que se aprueban esas leyes”. Y a los ciudadanos que, tal vez, deberíamos comprender que estamos dentro de un avispero, sólo nos queda manotear. Lo más probable es que muramos a picotazos, pero, a lo mejor, alguno de los insectos huye y descarga su ira contra alguno de los ricos que nos gobiernan. Por lo menos…

–      ¡Que se jodan!

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