Madrid / Libertad / Botellón

Madrid es libertad. Libertad es botellón. Madrid es botellón.

A la vista de la altísima identificación de Madrid con su presidenta, a este silogismo –en bárbara (o AAA), que decían los escolásticos– se le podría añadir una coda: Ayuso es… botellón.

Con o sin coda, el silogismo revela lo ocurrido. Fueron muchos los que desatendieron las recomendaciones contra la pandemia en el ámbito familiar y en el social –jóvenes y mayores, españoles y extranjeros, futboleros y musicales, y el descontrol fue un asunto cotidiano. Lo ratificaron, y no por casualidad, los centenares de personas que se amontonaron en la calle Génova para festejar el triunfo electoral.

Fiesta a mogollón en días de pandemia y UCIs por encima de su capacidad en aras de la libertad. El botellón como símbolo y como mensaje. Como epítome de todo un programa político.

En el sistema democrático no importa quién tiene razón, sino quién disfruta de la mayoría.

Apelar a la razón cuando se pierden las votaciones implica una superioridad moral o intelectual más que sospechosa de elitismo y de falta de respeto.

Considerar a la mayoría como expresión natural e inequívoca de la razón equivale a despreciar la inteligencia.

O sea, con el rabo entre las patas.

 

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