Si no tiene una cuenta en Suiza, inténtelo, aunque sea con dos euros. Ganará en aprecio y en respeto. Nadie le acusará de evasión de capitales, nadie se meterá con usted. A lo sumo, el ministro de Hacienda aludirá a su caso o, cabe esa posibilidad, le mencionará, pero no tema, porque en tales ocasiones él no actúa; como mucho, pedirá que lo explique usted, porque, por él, como si le da, ya de paso, hacerse calvinista. Él, no; él, a lo suyo: embarrando el campo para que el juego sucio tenga excusa.

¿Qué otra cosa era, sino un disparate, su negativa a comparecer ante el Parlamento para explicar las acusaciones de fraude contra dirigentes catalanistas, aduciendo que eso deben hacerlo quienes tengan cuentas en Suiza? ¿No está el para perseguir el fraude? ¿O es que aquí, en este caso, a fin de cuentas, todo queda en casa y esta es una mera broma propia de campaña electoral?

Haya o no haya cuentas en Suiza –y yo qué sé de eso–, lo de Montoro es de baba. Mala.

Pero no se engañe: si abre una cuenta en Suiza con dos euros, primero le van a mandar a freír puñetas y, luego, le denuncia el ministro. Seguro.

 

Piedras contra su tejado

En la Union Europea el disparate o la tontería se constantan a diario. Tanto es así que el Fondo Monetario Internacional parece la institución más cuerda. Lo fue con anterioridad y lo ha vuelto a poner de manifiesto al tratar sobre los planes de actuación en Grecia. Él defiende las quitas en la deuda y los europeos se enojan, como si la salida del socavón griego no fuera positivo para los demás. Todo, para ahorrarnos cuatro duros y pagar veinte. ¡Un negocio, vamos!

Visto lo cual, qué tiene de particular que todos se alíen para que el próximo presupuesto europeo sea “el menor posible” y equitativo (dice Rajoy). O sea, que no me toquen mis dos duros, aunque sea a cambio de que me quiten cuarenta. ¡Otro premio!

Y luego nos hinchamos a escuchar y a decir que esta crisis solo se resuelve con más Europa. Se entiende que alemanes y británicos, que no están más que para ellos mismos (y a su manera), pidan recortes, restricciones, desnutrición, hambruna… Pero que lo reclamen los necesitados de vitaminas…

Cuando no haya nada que repartir, Rajoy, ¿qué podremos reclamar?

¿Hambre?

De eso cada vez sabemos más…

 

 

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