Quienes alguna vez pensamos que los medios de comunicación debieran ofrecer información y reflexiones que nos ayuden a conocer y, si así lo queremos, transformar la realidad… nunca tuvimos nuestras expectativas tan lejos de lo que tenemos, nunca vivimos una contradicción tan brutal entre lo que se da y lo que deseamos.

Malos tiempos.

Cuando antes de abrir las páginas de un periódico, escuchar una emisora de radio o sintonizar una cadena de televisión se precisa, para interpretar lo que vas a leer, escuchar o ver, conocer no sólo la intrahistoria de las relaciones de ese medio con el poder político o económico sino también lo que ese mismo medio reclama ese día concreto al Gobierno, a un banco, a una editorial o a una inmobiliaria…

Malos tiempos.

En esa situación estamos. La estrategia de los medios ya no responde exclusivamente a una posición ideológica. Ni siquiera a una estrategia de target comercial. Los intereses económicos desplazan a diario a la ideología. Los editores han sido sustituidos por trileros.

Malos tiempos.

La política de alcantarilla ha infectado a toda la sociedad. Ha penetrado todos los ámbitos donde se cuece y decide algo que importa a otros muchos, excluidos de la oportunidad de decidir sobre ellos mismos y sus asuntos.

Malos tiempos.

Los medios han decidido que en su capacidad de presión política radica su mayor patrimonio contra la adversidad o para la bonanza, según vengan los tiempos. Y se consideran con derecho a manipular al ciudadano e incluso a sus conciencias en aras de sus intereses. Cuanto más libres o independientes se proclaman, más dignos de sospecha. Conozco medios de comunicación de prestigio y con poder en los que se ha llegado a sugerir, incluso a algún directivo, lo que debería votar en unas elecciones (en beneficios del propio medio); conozco periodistas con cargo que recuerdam cada día a los periodistas de calle, plumilla y micro que deben ajustar sus datos a la posición del medio, un centroderecha eufemístico que sólo permite decisiones reaccionarias; conozco…

Malos tiempos.

Estos directivos y estos medios son los que reclaman la excluvidad del derecho a la información en aras del derecho de exclusividad sobre el negocio informativo.

Malos tiempos.

Porque lo peor de todo es que quienes dicen representar a los ciudadanos les hace caso.

¡Hasta qué punto hemos perdido!

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