Martín, el propietario del bar que linda con la puerta de casa, ha decidido censurar los informativos en todas las televisiones del local.

– Los telediarios se ven en famiia. Aquí, coches y motos. A lo sumo.

Se lo ha gritado a la clientela que, esta mañana, ante las últimas informaciones sobre Bárcenas, Urdangarín, el Rey o lo que fuera (desahucios, despedidos, apaleados, etcétera) se ha liado a voces e insultos contra todo lo que se movía, incluidos los compañeros del café o la tertulia.

No sé si a Martín le ha preocupado más la integridad de su clientela o la de la vajilla, pero ha tomado la decisión más razonable para ambas partes simultáneamente.

Conocida la decisión inapelable, he pensado que Martín debe vivir solo. Quizás por eso, en su casa, puede ver los telediarios tranquilo. O vive solo y no le oye nadie o va de santo.

Hace un mes, más o menos, una amiga fue a protestar a la encargada de un Mercadona al enterarse de que tan prestigiosos supermercados financiaban al PP y/o a Bárcenas. Pero ellos están pendientes de juicio (el PP y/o Bárcenas) y, por eso, mi amiga ha suspendido la sentencia que pesaba sobre la cadena de distribución. Ha vuelto.

Otra amiga mía, que no admite la presunción de determinadas inocencias, se dio de baja de Telefónica, irrefutablemente, el día que la compañía contrató a Rodrigo Rato para aliviarle del llanto por la pérdida de Bankia. Puede que ella sea una de esas almas poco compasivas que no comprenden la magnanimidad de César Alierta. Desde aquí hemos tratado de explicar su generosidad y de difundir sus méritos antes incluso de que colocara a Rato entre sus líneas predilectas.

Pero todo lo anterior hoy ya se antoja pequeño: Alierta decidió indemnizar a Julio Linares, durante mucho tiempo su consejero delegado, con 24,75 millones. Lo que le correspondía por su despido. A otros dos directivos, por el mismo motivo, les aportó 10,89 millones. Todo, en euros. El presidente de Telefónica tomó estas decisiones a la vista de que la Comisión Europea estaba a punto de limitar este tipo de compensaciones. Con lo que ellos habían contribuido al esplendor de la empresa y al despido, la prejubilación o retiros varios de miles de curritos sin mérito…

Sólo los no compasivos, como mi amiga, se indignarán con Telefónica o Alierta, sin reconocer méritos a este hombre generoso, que reparte dádivas entre los alicaídos medios de comunicación, grandes y chicos, convencionales y on-line, públicos y privados. Él lo hace para que en casa su familia pueda ver el telediario sin cargarse el aparato o el marido.

Y por ello Martín debería también estarle agradecido, porque gracias al altruismo del César pasan más desapercibidos sus chanchullos (o sus delitos). O quizás, su filantropía y su pluralismo, para tanto compasivo que aún confía en determinadas presunciones de inocencia.

 

 

 

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