Matar al perro para acabar con la rabia

Hace un año… la Navidad estaba cerca. El nuevo Gobierno había tomado posesión sin inmutarse ni enterarse (o tal vez, sin darse por enterado) del estado del Estado. Los ciudadanos inventaban felicitaciones llenas de desconfianza y burla.

Hace unos días… se han cumplido los primeros 365 días del gobierno marianista, resumidos en una exclamación impetuosa de su presidente: «¡El PSOE carga con una deuda histórica!». Ya está. Los christmas navideños se cargan de irritación y desprecio. Las fiestas provocan contrariedad: nunca hubo menos motivos de celebración y menos confianza para desear un feliz año próximo.

Ha sido, sí, un año de despropósitos, de decisiones carentes de razón, de sentido y de conveniencia. O sea, despropósitos en sentido literal y puro.

Atrás queda la incapacidad del gobierno anterior para advertir la crisis que galopaba y, por tanto, para anticiparse a sus riesgos; su sometimiento a la presión de los más fuertes, abjurando de los estímulos a la economía o de la asunción del déficit como un instrumento para amortiguar los perjuicios en épocas de dificultad a los más débiles; la inanidad de su patrón ideológico desde el que gobernar la economía de todos, lo que le condujo a vacilaciones y contradicciones, al socaire de algunas estupideces como la de que «bajar impuestos es de izquierdas».

Atrás queda también la desvergüenza de un partido que acudió a las elecciones con un discurso absolutamente contradictorio: la gravedad del paciente se remediaría sin terapias contundentes. Luego dijeron que desconocían la gravedad, tal vez para justificar sus tremendas decisiones, pero sin explicaciones ni expectativas de futuro. Así que, sucesivamente, callan, niegan y hacen lo que callan y niegan. Y lo peor es que, por mucho que hablen de la «deuda histórica» el problema sólo encuentra las mismas soluciones que fracasaron antes, pero elevadas a la máxima expresión para que el fracaso resulte máximo. Despropósitos.

Pregunta

¿Lo hubiera hecho peor ZP? Peor, no. Tampoco muy distinto, pero peor… no. O sea, que, de existir alguna diferencia, habría sido para mejor. ¿O no?

Respuesta

“Nosotros no escondemos los problemas, los eliminamos”, ha dicho el presidente actual.

O sea. Si aumenta el número de pobres, como efectivamente ocurre en España, y a un ritmo imponente, se acaba con ellos. ¿Son lógicos o no, entonces, los recortes en sanidad, los recortes en pensiones, el intento de negar asistencia a los inmigrantes…? A lo sumo, tienen un defecto: resultan un poco lentos; el gobierno debe mejorar al respecto, pero nadie puede negar que están en el camino más eficaz: si se elimina al paciente se acaba con la enfermedad.

¿O no?

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