Menos respuestas, más preguntas

La gente común trata de afirmar su identidad a través de afirmaciones, con frecuencia cada vez más rotundas. La mayoría proceden de opiniones ajenas, de tópicos o convenciones sociales, de eslóganes promovidos con unos u otros intereses…

Hace algún tiempo leí a un par de escritores bien reconocidos e íntimos amigos –no les pongo nombre para no equivocarme–, que explicaban que sus encuentros se caracterizaban, más que por sus conversaciones, por sus silencios. Se habían comprometido a evitar las obviedades, las redundancias, los énfasis… Con esa norma en nuestra sociedad solo serían felices los sordos o los mudos y, más aún, los sordomudos.

Frente a la palabrería sin argumentos, se hace necesario reivindicar el valor de las preguntas. Son ellas las que nos definen: las que nos hacemos a nosotros mismos y las que dirigimos a otros con el ánimo de precisar el tono o la intención y, sobre todo, las que irán surgiendo en la conversación antes incluso de atisbar un esbozo de respuesta definitiva, siempre vigilada por un espacio para la duda y la revisión mediante nuevas interrogaciones.

La respuesta, la afirmación final, si eso es posible, solo tendrá valor cuando hayamos agotado la capacidad de preguntarnos. Y ese será, tal vez, un momento deprimente, porque fijará nuestros límites, nuestra incapacidad, para seguir buscando. Pero también puede ser un momento estimulante, en la medida en que las preguntas alienten ciertas aproximaciones que susciten nuevas reflexiones.

Una manera de preguntar sobre lo que acontece consiste en mirar desde otro ángulo. ¿Alguna de las personas que rodean a un asesino puede ser también víctimas del crimen? Casi siempre las hay. ¿Cuántas veces se elude esa pregunta en aras de una justicia que corre el riesgo de transformarse en venganza? El final de Maixabel, la película de Icíar Bollaín, resulta paradigmático. En el diálogo final la protagonista le dice a Ibon Etxezarreta: “Prefiero ser la viuda de Juan Mari a tu madre”. Él responde: “Hubiera preferido ser Juan Mari a su asesino”.

La realidad tiene muchas caras. Antes de decidir una respuesta conviene tener en cuenta todos los matices. Para eso están las preguntas.

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