Muchos problemas, y uno más

El cónclave fue mucho más rápido de lo previsto. Había problemas muy graves que resolver: el dinero del Vaticano, el sexo de sus jerarcas… Lo dilucidaron en 24 horas, poco más. No zanjaron las cuestiones urgentes, añadieron otra. A los pecados de la carne y la avaricia agregaron los de la ambición, ese ansia de poder que invita a la colaboración o la complicidad con las dictaduras.

Se han escrutado los gestos del nuevo papa bajo la ilusión de la sorpresa. Su austeridad, su sencillez, su utilización del subte o el colectivo, su manejo de los pucheros ante los indigentes, su afición al San Lorenzo de Almagro, el equipo que encumbró al maniobrero Bilardo. También han llegado otros muchos mensajes positivos en un clima de euforia eclesiástica.

Sin embargo, en medio de ese entusiasmo que pudo llevar a algunos argentinos al otro barrio, otros compatriotas recordaron asuntos turbios. La mayoría de los medios pasó sobre esos asuntos con mayor vértigo que si lo hicieran sobre ascuas. Hubo alguno que no le perdió la cara. Página12 se ha significado en ese empeño y, desde sus informaciones y columnas, alentaron críticas en otros lugares que hoy también parecen el fin del mundo.

La elección del papa ha coincidido con la vista judicial de crímenes de la dictadura argentina aún pendientes. Los represores se presentaron ante el tribunal con escarapelas vaticanas en sus solapas. Para que constara su satisfacción y para que incrementaran sus sospechas quienes aún dudaban.

Sólo la desconfianza que genera el kirchnerismo, como posible inductor de la disidencia antibertoglio, impiden decir de él que es un erstaz, un estratega político o, simplemente, que errar es divino.

Las dictaduras lo emborronan todo, convierten a la sociedad en cómplice, hacen que nadie sea inocente, salvo los presos y, sobre todo, los muertos. Quizás sea cierto. Pero eso solo excusa a los que no pudieron sobreponerse a la miseria moral del régimen, no a quienes aspiran a convertirse en paradigma de la sociedad nueva amparada en valores universales. Es verdad, la Iglesia no esta para eso; ni se la espera.

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