Nada más cierto que las lágrimas

Un día, de repente, te asaltan las lágrimas. Hay algo que no habías previsto, que no pudiste imaginar o, tal vez, que no supiste reconocer. Me ocurrió ayer, tras un mensaje en el móvil que me turbó. Lo repetí en voz alta, busqué confirmación, fue fácil encontrarla. Entonces me invadió la tristeza.

Me vuelve a pasar hoy cuando reviven a cada rato los recuerdos de alguien a quien no sabía que apreciara tanto. La había escuchado, leído, visto…, pero su memoria pertenecía ya a mi propia sentimentalidad, esa especie de patria –la única verdadera– de los afectos, la solidaridad y la memoria. Algo que va más allá de la literatura o la admiración y más acá de las actitudes y los compromisos. Eso ya lo conocía; ignoraba, sin embargo, la respuesta íntima y emocionada que me asaltó tras lo imprevisto.

Dignidad, memoria, alegría… Así la reivindican los recuerdos. Pero nada más cierto que las lágrimas a la muerte de Almudena Grandes.

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