Ni público ni privado, sólo confusión

A Manuel Núñez Encabo le llamaron a votar el 23F y respondió Tejero con disparos de pistola y un se sienten, coño inolvidables. La historia le guarda sitio, pero, pese a sus esfuerzos docentes y articulistas, que se le suponen, va a pasar mucho más desapercibido en ese ámbito. O tal vez, no. Depende de la perspectiva.

El artículo que hoy publica El País, Confusión entre lo público y lo privado, es un ejemplo, en primer lugar, de confusión y, en segundo, de defensa de los intereses privados en detrimento de los derechos ciudadanos y de lo público.

En él establece que “las distintas obligaciones de los medios públicos para la emisión de información electoral gratuita que responda a los principios de pluralismo, igualdad, proporcionalidad y neutralidad, a diferencia de los medios privados, se justificaría por la distinta naturaleza jurídica de los mismos”. Sobre esa premisa rebate la obligación de los medios privados durante las campañas electorales a ofrecer información tasada o proporcional en función de la representatividad de cada fuerza política.

En todo caso, “los medios privados lo deberían realizar (se refiere al deber de reflejar el pluralismo ideológico, político y cultural de la sociedad), no desde la neutralidad informativa, sino desde la libertad de información constitucional, sin la imposición de espacios informativos gratuitos, iguales proporcionalmente para todos propios de la propaganda electoral”

Así concluye que la Ley Electoral recién modificada “reduce el derecho a la información veraz de los ciudadanos a recibir propaganda en bloques electorales diseñados por los diversos grupos políticos, imposibilitando al mismo tiempo el ejercicio libre del periodismo”. Por ello, insta a que “los periodistas desde su compromiso deontológico puedan participar en la elaboración libre y veraz de contenidos informativos”, lo que, a su juicio, constituye una “tarea casi heroica en una campaña electoral marcada por las imposiciones y la confusión entre lo público y lo privado”.

Pocas veces un título es tan acertado. Confusión: la que ha creado el Parlamento y en la que se ve envuelto el profesor firmante del artículo. ¿Entre lo público y lo privado? Lo público, propaganda; lo privado, información. ¿Es esa la conclusión? Lo parece.

Para empezar, distingamos. Los bloques de publicidad gratuita son obligatorios en las televisiones públicas, no en las privadas, aunque éstas los emitirían encantadas siempre que fueran de pago. Y entonces no se discutirían conceptos que les vienen grandes: pluralismo, neutralidad, información… Sólo cuánto paga el partido anunciante.

Se podría discutir sobre esos bloques. Se implantaron para que todos los partidos tuvieran garantizado el acceso a los ciudadanos en una época en la que sólo existía la televisión pública. El tiempo ha transformado el pluralismo en un instrumento para consolidar a los más fuertes. Pero no es ése el tema.

La reforma de la Ley Electoral obliga a las televisiones privadas a incluir en sus informativos bloques electorales a los partidos representados en el Parlamento de manera proporcional, en cuanto al tiempo asignado a cada uno de ellos, con los resultados obtenidos en las anteriores elecciones del mismo ámbito. O sea, algo repudiable en sí mismo, se imponga a quien se imponga. El criterio periodístico no es un cronómetro. Afortunadamente.

De ello se han dado cuenta, ahora, los medios privados, que no dudaron, hasta ahora, en atacar a los públicos por unos segundos de más o de menos o en oponerse a que en ellos se desarrollaran los debates cara a cara, aunque sólo ellos aceptaran organizar otros, complementarios, con todos los candidatos. Ahora ellos no quieren lo que antes querían que hicieran las públicas. Y en defensa acuden a confusiones apoteósicas. La del profesor o la del periódico independiente y global, que corrobora su firme posición con los argumentos del director de informativos de… Intereconomía.

¿Intereconomía a favor de la información, el pluralismo, el derecho de los ciudadanos o, simplemente, del periodismo? A la vista de cómo se complacen en el mutuo socorro debe ser que entre ellos se consideran pares, y quizás lo sean, aunque tal vez los lectores de El País pensáramos otra cosa. Cada día que pasa, más equivocados nos sentimos. Y confundidos.

O sea, que la confusión nos afecta a todos. También entre lo público y lo privado.

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