A falta de mejores soluciones, el Gobierno ha convocado un concurso de cuentos. Debe haberlo hecho por todo lo alto, porque ya se han presentado diferentes monologuistas con título de ministro e incluso de presidente del mismísimo Gobierno.

Sin embargo, hasta el momento, ha llegado la vice y en una demostración de ambición y desvergüenza ha desbancado a la niña de Rajoy con un melodrama bobalicón que ha provocado la burla de un auditorio, a lo que se ve, insensible a los valores sentimentales que el gobierno propone.

Véase si no.

Pero, no. No tiene ninguna gracia, no provoca pena alguna; menos aún, risa. La actitud de esta señora es una indignidad. Las personas que han perdido su empleo o su vivienda, las que carecen de medios para sobrevivir dignamente, las que han sido avasalladas por la crisis o los recortes que otros provocaron no precisan lástima sino justicia, no requieren pena sino el reconocimiento de sus derechos, no reclaman caridad sino un gobierno capaz de repartir equitativamente lo que generamos y lo que tenemos.

Esta señora no repele por su bobaliconería sino, sobre todo, por su profundo desprecio a los ciudadanos a los que el gobierno que vicepreside ha esquilmado, usurpándoles sus derechos.

Y eso no es un cuento, sor Aya.

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