La pregunta podía parecer retórica: ¿A la banca se le puede meter mano?

Podía parecerlo, no lo era.

Ya hay respuesta: NO

Se acabó el impuesto a los depósitos que, a partir de la iniciativa de Extremadura, habían aplicado también Andalucía y Canarias.

No recaudaban mucho, pero el impuesto abría una rendija para gravar a los que siempre ganan (incluso cuando desfalcan a sus propios clientes) y a los que manipulan la economía y la política. Por lo menos era un símbolo para decir que ellos también deben pagar. Pero no.

 

La banca debe ser pura, inmaculada, sin tacha por la que penar.

Así, el Gobierno se ha dirigido a las comunidades díscolas con versos de Serrat.

– Niño, deja de joder con la pelota. Eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca.

Y ha resuelto el problema, zanjado el debate y abortado la emulación: a partir de ahora quien pone el impuesto es él, para todos los territorios, para todos los bancos…

Y el impuesto es… ¡el CERO por ciento!

O sea, con la banca  ni una broma. Con los ciudadanos, todas.

¡¿Habráse visto mayor tomadura de pelo?!

 

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