Notas póstumas de Pablo y Teo

 

El que denuncia la corrupción se ve obligado a tirarse del barco por la borda.

Sus colaboradores más cercanos ya han ocupado las lanchas salvavidas para no darse por muertos.

En estos casos el capitán se ha quedado solo y sin recursos de emergencia.

Ninguno de sus próximos le ofrece un hueco en los botes salvavidas.

En ese momento Casado sueña con ser Sánchez, que se dio prisa para hacer el viaje de vuelta.

Al despertar lee su propio epitafio en el Congreso de los Diputados.

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Teodoro García Egea, maestro en el lanzamiento de huesos de aceitunas, se ha atragantado con sus propias tretas.

Quienes en otras ocasiones le jaleaban ahora le repudian por la coherente insistencia de sus desatinos.

Se aferró al timón en el fragor de la tormenta, pero lo abandonó tarde. Con el barco hundido ya no sirve de nada soltar lastre.

Qué crónica habría hecho José Martí Gómez de este naufragio provocado por enemigos íntimos.

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