Notas tras el esperpento laboral

El esperpento en que se convirtió la sesión del Congreso que aprobó aprobó la reforma laboral genera algunas enseñanzas:

  1. Del tamayazo para acá… mejor no llegar a una votación frente al PP con uno o dos votos de diferencia. Murcia queda a la vuelta de la esquina. El “no a todo” de Tamayo Sáez se hizo inolvidable. El cambio de criterio de los diputados de UPN a dos minutos de la votación definitiva parece el último fruto de los prestidigitadores populares.
  2. La geometría variable que parecían alumbrar los nuevos compromisos parlamentarios conseguidos por el Congreso quedó fulminada el mismo día de su estreno. El actual gobierno no se asemeja tanto a Frankestein como a El laberinto del fauno, el monstruo bueno. O recibe cariño o marchamos directos al desastre.
  3. Las mentiras acumuladas en el día de la aprobación de la reforma laboral no caben en el tablero electrónico del Congreso. Allí se refejan los comportamientos de los padres de la patria. Ilustran cuando se enciende la pantalla, pero se olvidan cuando se apaga.
  4. ¿Quién pide perdón a los ciudadanos por el bochorno del Parlamento en la sesión de convalidación de la reforma laboral? ¿Quién se debe comer sus propias acusaciones? ¿El que calificó de pucherazo a la presidenta del Congreso? ¿La que arguyó que se trataba de un fallo técnico, a sabiendas de que era otra cosa?
  5. El diputado Casero se ha convertido en el épitome de la torpeza (“La que he liado”); el líder Casado, en el de la indignidad.

 

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