Quizás hoy no sea el mejor día para divisar el bosque, tapado por los árboles o por el contraluz que provocan los focos de los medios. La Conferencia del PSOE deja muchos aspectos de interés por analizar y otros muchos por resolver.

La Conferencia ofrece un titular: el objetivo es la igualdad, el gran lema tradicional de la socialdemocracia, tan postergado, camuflado e incluso olvidado en los últimos tiempos. Visto así, tiene mérito recordar lo obvio y, sobre todo, que sea un amnésico quien se acuerde de lo olvidado.

Saskia Sassen, reconocida este año con el premio Príncipe de Asturias de las Ciencias, recordaba que, tras la caída del Muro de Berlín, las grandes corporaciones multinacionales dejaron de considerar los acuerdos comerciales como la cuestión principal, porque lo importante era cambiar y controlar el sistema económico. Y lo lograron de manera tan efectiva que la socialdemocracia se alejó de sus principios y se adentró en el terreno de los sucedáneos.

En la propia conferencia del PSOE el expresidente Zapatero presumió de su apuesta y sus logros en un ámbito de gran importancia: la igualdad de la mujer. Tenía motivos para la satisfacción, pero también para la autocrítica: en su etapa como máximo dirigente del PSOE la sociedad española se hizo más desigual en lo fundamental: la situación económica, en las oportunidades. 

Ni toda la culpa fue de Zapatero ni siquiera del PSOE. La hegemonía del pensamiento conservador se hizo tan abrumadora que los sectores progresistas, acomodados en sus posiciones de bienestar, se quedaron sin respuestas ni bagajes para la confrontación ideológica. Y ahí estamos. Desde esa perspectiva hay que valorar la superación de la desmemoria. No obstante, como puede ocurrir que se trate de una recuperación pasajera o superficial, más vale someter al paciente a un chequeo. Llevará su tiempo.

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En ese contexto cobra especial interés el anticipo que ofrece El Pais de las Memorias de Pedro Solbes. Porque, aceptando su versión como perfectamente creíble, su salida del gobierno plantea ahora, a toro pasado, una cuestión central en todo este debate. Sabiendo lo que hoy sabemos, la prudencia y la ortodoxia económica parecen aliadas del superministro, mientras que las decisiones del entonces presidente resultan más acordes con las demandas de los derrotados por la crisis ya prevista en aquel momento. Poco después Zapatero fue obligado a virar y trató de asumir una contradicción tan descomunal que cavó su crédito y su reputación, aunque aquel giro pueda convertirse a medio plazo, para los sectores conservadores, en el principio de la recuperación. ¡Qué paradojas!

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“Queremos formar una juventud religiosa”. Lo dice Erdogan y nos sorprende.

Lo hacen Wert, Gallardón o Rajoy y nos quedamos paralíticos.

– Quizás padezcamos algún tipo de hemiplejia.

– O peor.

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Mas argumenta que Israel prueba que el Estado catalán es viable.

– Podía haber buscado otro ejemplo. Da miedo.

– ¿Quienes serán los palestinos?

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Quede claro:

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