Y va Pablo Iglesias a ver al Rey y la lía… Quiere ser vicepresidente de un gobierno con el PSOE.

¡Órdago!

¿O normal: véase el número de votos recibidos, véase el número de escaños?

Lo dice tras el Rajoy no puede, Sánchez no debe, el editorial de El País, que obliga a pensar en quiénes están detrás de sus argumentos. A todos ellos le ha debido crujir la afirmación de Iglesias.

Sin embargo, ¿no es ese el cambio que muchos reclaman?, ¿el que reclaman, sobre todo, muchos de los que esperan algo distinto a lo que recibieron del anterior gobierno?

No se puede ocultar una duda: ¿sabrían hacerlo?, ¿sabrían explicárselo a los ciudadanos?, ¿sabrían asumirlo sus partidos o sus respectivos movimientos?

1453443210_957485_1453458047_noticia_normal_recorte1No debe extrañar el desconcierto.

Para empezar, Pablo Iglesias, que aboga por el fin de la monarquía, le anuncia su propósito al Rey en absoluta primicia “por lealtad institucional” y lo hace en magnas de camisa y sin corbata.

Resulta tentador el acuerdo. No se puede asegurar su estabilidad, no se puede garantizar el éxito, no se puede predecir la magnitud de la réplica europea…

Se puede asegurar, por el contrario, que tendríamos diversión, que se producirían cambios irreversibles, que subiría la adrenalina con la sensación del vértigo de una montaña rusa…

Y si fuera bueno para los ciudadanos…

Y si fuera malo…

¿Para quiénes bueno, para quiénes malo?

Esa es la cuestión.

Pablo-Iglesias-reunion-mantenido-AR_EDIIMA20160122_0302_19¡Tenemos tema!

La afirmación de Iglesias acaba de producirse, pero algo hay seguro. La furia de los opositores a la propuesta aportará los mejores argumentos a su  favor.

¡Tiempo!

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