Para disfrutar 30 años después

Olga Tokarczuk escribió Un lugar llamado Antaño (entonces se titulaba Prawiek i inne czast) hace 30 años. A la escritora polaca le otorgaron el Nobel de Literatura en 2019 y solo a partir de ese momento recibió la atención que, ahora lo sabemos, merecía. Antes del premio, en 2001, la editorial Lumen lo puso al alcance de los lectores en español, pero no fueron muchos los que descubrieron esta novela admirable. El que suscribe ignoraba el propio nombre de la autora hasta el Nobel. Más allá de la circunstancia personal, este dato, por común y compartido, da cuenta de realidades frecuentes. El país de procedencia, el idioma original, el género y tantas otras circunstancias esconden obras y valores prioritarios, como en este caso el estrictamente literario o la reconsideración de un periodo histórico decisivo y singular.

En consecuencia, treinta años después he conseguido disfrutar de una obra formidable, ahora publicada por Anagrama. Olga Tokarczuk hizo de Antaño (en su versión castellana) un territorio imaginario habitado por personajes muy diversos que sobrecogen e impresionan, que irrumpen como anécdota y se transforman en referencia imprescindible del relato, que integran un cúmulo inabarcable de sucesivas sugerencias; que recrean una especie de realismo mágico que invita a reconsiderar la vida individual y la común.

“Antaño es un lugar situado en el centro del universo”, dice el primer párrafo del libro. Sin embargo, es también un lugar de frontera, singular por lo que en él ocurre y porque todo lo que él encierra resulta irrepetible fuera de ese espacio prodigioso, por el que transcurren el siglo XX polaco y los sucesivos ejércitos invasores, pero también la vida con sus estaciones y sus emociones. Un espacio total delimitado por los cuatro puntos cardinales, con sus respectivos arcángeles protectores; por dos ríos que confluyen, por el bosque, una colina y diferentes casas que definen su relación con el exterior y el interior. Y sobre todo por una manera de existir y de relacionarse entre hombres, animales, naturaleza, ritos y vivencias.

La imaginación prodigiosa de Olga Tokarczuk ilumina a sus personajes, a la vida que fluye y al espacio que la delimita, con una complicidad cargada de respeto e incluso de cariño en circunstancias oscuras. Todo es un compendio de matices y detalles, de sugerencias y sorpresas, de elementos de la tradición reinterpretados a través del lirismo y la emoción, de miradas desde una y otra parte, de ilusiones y mediocridades.

Antaño se construye a través de pequeños momentos sucesivos, como un paisaje se interpreta desde distintas perspectivas. La autora lo elabora con delicadeza; tal vez con la firme sutileza y la aparente ingenuidad de unas acuarelas que también recogen situaciones terribles, porque por debajo de todo ello transita la propia historia de Polonia, un territorio avasallado por dos guerras mundiales, por campos de concentración, por grandes sufrimiento y enormes silencios, por la emoción indeleble y la vileza intermitente.

Una obra que retrata matices y contradicciones, detalles minúsculos en los siempre afloran sorpresas, pasión por la vida y la naturaleza. Y todo ello, con una emoción respetuosa y exquisita.

Visto así importa menos haber esperado 30 años. ¿Cuándo se publicará Flights en castellano?

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