Paz para mirones

Enviar armas a Ucrania va en contra de la distensión, arguyen algunos representantes de la izquierda. ¿Qué piensan ellos de la defensa de Madrid en la Guerra Civil española? ¿Qué piensan de la contribución de las Brigadas Internacionales en aquellos momentos? ¿Qué alternativa tiene Ucrania frente la invasión armada? ¿Qué puede hacer Europa en la defensa numantina de Kiev? ¿Algo más que mirar o pretender reconvertir al sátrapa que arguye a cañonazos sin separar el dedo del botón nuclear? ¿Filosofamos?

No se trata de animar a los ucranios residentes en España a que dejen a su familia y sus trabajos para acudir al frente de batalla. No se trata de obligar a cada uno de los ciudadanos de un país a convertirse en héroes muertos. No se trata tampoco de aplaudir al invasor a la espera de que instaure la mejor de las democracias.

Se trata de que los ucranios puedan defenderse. Que no estén condenados a la sumisión de las armas y a la renuncia a su casa y a su tierra. ¿Será entonces razonable apoyarlos frente al sátrapa que está ocupando su país, matando a ciudadanos y arruinando instalaciones públicas y privadas? Si un loco armado entra en nuestra casa, ¿debemos abrirle la puerta o avisamos a un vecino para que nos ayude y, al mismo tiempo, se proteja?

Lo principal es la paz, el diálogo… Sin duda. ¿Con quién? Frente al que dispara su rifle como principal o único argumento, ¿nos ponemos a rezar el rosario? Los invadidos se enfrentan a un dilema cruel: huir o defenderse. En ambos casos requieren ayuda. ¿O nos quedamos inermes ante el televisor y confundimos la solidaridad con el llanto que las imágenes provocan?

¿Los apóstoles de la inacción frente al invasor tienen algo que ver con quienes hicieron antes la elegía del No Pasarán? ¿Quienes gritaron aquella consigna mítica e inútil no unieron su voz a las armas? ¿¿En nombre de la paz y en contra de la guerra a los avasallados solo les cabe asumir su impotencia? ¿No les pertenece el derecho a buscar medios reales, concretos, para defender lo que sienten como propio? Todo el derecho.

La filosofía clásica dejó un hueco abierto a la guerra justa: la que combate al tirano. ¿Se le ocurre a alguien un ejemplo más justo que este al que asistimos? Tal vez sea que gusta el papel de mirones confiados en que no nos tocará el de sufridores. Hasta eso está en juego. ¿Entonces?

Artículo anteriorLa guerra, sin palabras
Artículo siguienteUcrania no ha invadido a Rusia