Hay periodistas que se entusiasman con la noticia; las miran, pero sólo la ven pasar.

Hay periodistas que se emocionan contando la noticia; se recrean en la narración hasta construir una realidad circular, ensimismada.

Hay periodistas que, apenas asoma la noticia, la interpretan con la seguridad de su experiencia; siempre encuentran el modo de acomodar los hechos a sus propias certidumbres.

Hay periodistas que observan la noticia y la interrogan; quieren saber qué hay más allá de lo que aparece. Y dudan.

Todos justifican su sueldo, pero sólo los últimos dignifican su oficio. Son los menos.

(El fracasado golpe de Estado en Turquía –seguido de una cadena de purgas a cargo del gobierno legítimo de Erdogan– y el bárbaro atentado en el paseo marítimo de Niza –que amenaza la libertad de la sociedad contemporánea– son las últimas noticias que desvelaron la categoría de sus narradores).

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