¿El ajedrez es como la vida o es la vida? Entre lo uno y lo otro Arturo Pomar propugnaba la similitud. Bobby Fischer, la identidad. Ellos son los protagonistas principales de El peón (Pepitas de calabaza, 2020), un relato de Paco Cerdà que se desarrolla a través de 77 episodios, tantos como los movimientos de la partida que ambos maestros disputaron en 1962. La referencia exacta de cada uno de ellos encabeza, a modo de numeración, los sucesivos capítulos del libro.

Paco Cerdà construye su relato sobre esa referencia recurrente, el ajedrez y los dos contendientes sentados frente al tablero en Estocolmo durante tres días consecutivos de 1962. Una fecha en la que coinciden los actores del libro y sus actos más representativos.

A partir de un trabajo de documentación sobresaliente, la narración de esta obra de no ficción adopta perspectivas diferentes para sugerir una reflexión cargada de intenciones sobre el ajedrez y la vida.

No se trata de un libro de ajedrez, ni siquiera sobre el ajedrez, porque desborda cualquiera de esos objetivos y porque en los diferentes episodios aparecen personajes completamente ajenos al tablero y sus 64 escaques, aunque no a su metáfora. En algún aspecto El peón recuerda a Duelo de alfiles, la novela en la que Vicente Valero ponía en relación y en tensión a Nietzsche, Kafka, Rilke, Brecht y Benjamin y en la que reseñaba que “hasta dónde te puede llevar una partida siempre es un misterio”.

Paco Cerdà asume esa reflexión, pero aplica otro principio: “nunca un peón es solo un peón”, la frase con la que abre y cierra su libro. Peones son Pomar y Fischer, pero también Julián Grimau, Dionisio Ridruejo, Marcos Ana, James Meredith, Marilyn Monroe, Thomas Merton, Marisol y una larga serie de personajes y acontecimientos en torno a aquel simbólico 1962.

Se trata de personas reconocidas con un puesto en la historia de su tiempo y de sus respectivos países, aunque todos ellos fueran piezas minúsculas frente a las decisiones mayúsculas que el poder impone.  

El peón es un relato cargado de sugerencias sobre el compromiso político personal y su valor frente a la manipulación del poder. Paco Cerdá se lo traslada al lector mediante una narración firme en la que, a través de los hechos concretos, busca el trasfondo de cada uno de sus protgonistas. Son historias de gente que adquirió notoriedad en algún momento, pero cuyo testimonio quedó sometido a las decisiones de las piezas que deciden la partida. Peones todos.

PD. El libro de Paco Cerdá ha removido en mi memoria la admiración que profesaba mi padre, otro peón, a Arturo Pomar y los sentimientos contradictorios que le provocó Bobby Fischer, cuando los hijos y la decepción ya le habían apartado de cualquier afición, y hasta de cualquier engaño.

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