La Audiencia de Palma dice algo obvio: que solo se contrató a la empresa de Urdangarín para agradar al Rey.

Por lo mismo que los empresarios le regalaron el yate Fortuna, ahora transferido al Patrimonio del Estado no se sabe si por el desvencijamiento (del Rey, no del barco), por los costes de mantenimiento de la nave en época de recortes y transparecencia o para evitar que se pronuncie la Audiencia de Palma.

¿No tuvieron el mismo objetivo quienes regalaron trajes a los dirigentes populares valencianos, los que ofrecen chalets a bajo precio a los responsables de urbanismo, quienes pagan a los payasos que acuden a las primeras comuniones de los niños de los contratistas de eventos papales?

¿O se trata solo del humanitario y generoso deseo de agradar?

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