Cuando no hay nada que decir, lo mejor es callar.

Pero hablan, parlotean, charlan, repiten, redundad, insisten. Sin añadir nada.

Sin embargo las palabras se cargan de advertencias e incluso de amenazas. Se ve el humo de la pólvora y el olor del azufre.

Aznar o Esperanza Aguirre nos recuerdan que no hay que darlos por muertos.

Susana Díaz, García Page, Vara revelan nos explican su partido son ellos.

Rajoy se encuentra en estos momentos sin presiones: está justificado el retiro.

Sánchez… No se sabe. En política lo peor no son los rivales sino los compañeros de partido. Le pegaron los rivales. Le acosan los compañeros.

Iglesias recibe críticas que tienen otro destinatario.

Rivera ni quita ni pone rey. Pero ayuda a su señor.

Es tiempo de silencio. De escuchar, de definir proyectos, de evaluar correspondencias y discrepancias, de encontrar y compartir un proyecto nuevo que favorezca a quienes con más derecho reclaman contra la indecencia de la crisis y de cuantos la alimentaron.

¿Por qué no se callan… y pensamos?

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