«La jaula dorada». Ruben Alves, 2012

En 1971, dentro de aquel movimiento del cine español que se llamó «tercera vía» –entre la puramente comercial y la más sesuda de los autores que tenían que hacer películas en clave para burlar la censura franquista, Roberto Bodegas dirigió Españolas en París, acercándose a la vida de las chicas que emigraban para ganarse la vida como sirvientas –criadas, se decía entonces todavía– en la capital francesa. Muchos años después, en 2010, Philippe Le Guay, de quien hemos podido ver recientemente Molière en bicicleta, volvió sobre el mismo asunto, desde la perspectiva gala y en tono diferente, aunque inspirada al parecer en aquella, con Natalia Verbeke, Carmen Maura y Lola Dueñas en los papeles de las bonnes, en vez de Ana Belén, Laura Valenzuela y Tina Sainz.

 

Esas podrían ser dos de las referencias más cercanas a La jaula dorada, primer largometraje, basado en recuerdos familiares pero no estrictamente autobiográfico, del joven realizador francés de origen portugués Ruben Alves. Sólo que si Bodegas narraba con relativa suavidad, salvo al final, las dificultades de las trabajadoras obligadas a emigrar y su fascinación ante la modernidad y las libertades que descubrían en Francia, y Le Guay abrazaba directamente la comedia sentimental para describir circunstancias pintorescas del choque entre dos culturas –y dos clases sociales contrapuestas, convendría añadir­–, ahora Alves plantea una cuestión hasta cierto punto inversa: ¿qué ocurre cuando personas que emigraron hace mucho tiempo y parecen haberse adaptado, aunque a duras penas, al país que las acogió, tienen la oportunidad de volver al suyo?

El desencadenante aquí es una herencia inesperada, que obligaría al matrimonio com­puesto por José y Maria Ribeiro –trabajador de la construcción él, portera de un edificio, ella– a fijar de nuevo su residencia en Portugal si quieren disfrutar de una considerable fortuna, legada por un familiar con el que nunca se llevaron bien. La pareja trata de man­tenerlo en secreto hasta el momento de tomar una decisión, pero la noticia corre como la pólvora a sus espaldas y, de pronto, quienes antes los explotaban ahora se deshacen en elogios, les ofrecen mejoras impensables y tratan por todos los medios de evitar que se marchen.

Porque Maria y José han hecho siempre su trabajo lo mejor posible, han consagrado sus vidas a servir a los señores, a llevarse bien con todos y a soportar estoicamente las peores humillaciones. Y ni siquiera ahora ven clara la idea de abandonar a quienes se han aprovechado de ellos durante treinta años. Tendrían que esforzarse en hacer mal las cosas para provocar el despido, pero puede que ni aun así… Máxime cuando una serie de casualidades, demasiado forzadas en cuanto al guion se refiere, establezcan nuevos lazos entre ellos, sus dos hijos y las personas con las que han venido relacionándose en Francia.

Pero lo más desconcertante es que, en el momento en que los términos del conflicto han quedado establecidos con bastante nitidez, la película da un giro inesperado, emprende el camino de los buenos sentimientos, todo el mundo empieza a mostrar su mejor cara y lo que parecía un estudio –también liviano y a ratos divertido– de la situación de las personas obligadas a navegar entre dos culturas y dos niveles sociales y económicos, deriva inexplicablemente hacia una apoteosis de bondades insospechadas.

No cabe duda de que Ruben Alves conoce bien tanto las características como los tópicos imperantes en esos dos mundos. Y ha contado con una pareja protagonista –excepcionales Rita Blanco y Joaquim de Almeida– capaz de darles vida con fuerza y convicción, aunque rodeados por un elenco de secundarios demasiado tendentes al histrionismo y la caricatura. Pero el cineasta parece haberse contagiado de la condescendencia también típica de cierto cine francés, y es tal la ambigüedad del desenlace que uno se pregunta qué habrá de ironía, qué de conformismo ingenuo y qué de manipulación perversa en ese título, La jaula dorada, que sólo empezó a brillar cuando quienes estaban presos en ella tuvieron al alcance de la mano la libertad soñada.

 

 

 

FICHA TÉCNICA

Título original: «La cage dorée». Dirección: Ruben Alves. Guion: Ruben Alves, Jean-André Yerles y Hugo Gélin. Fotografía: André Szankowski, en color. Montaje: Nassim Gordji y Tehrani. Música: Rodrigo Leão. Intérpretes: Rita Blanco (Maria Ribeiro), Joaquim de Almeida (José Ribeiro), Roland Giraux (Francis Caillaux), Chantal Lauby (Solange Caillaux), Barbara Cabrita (Paula Ribeiro), Lannick Gautry (Charles Caillaux), Maria Vieira (Rosa), Jacqueline Corado (Lourdes). Producción: Zazi Films, Pathé, TF1 Films (Francia, 2012). Duración: 90 minutos.

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