Preguntas inútiles al Parlamento Supremo

¿Por qué Meritxel Batet, presidenta del Congreso, pese a contar en la Mesa de la Cámara con una rotunda mayoría, decidió la expulsión de Alberto Rodríguez?

El Tribunal Supremo había condenado al diputado canario por un delito castigado con una multa de poco más de 500 euros. Esa es la realidad, porque la pena impuesta –cuatro meses de prisión–, según establece la legislación española, se transforma automáticamente en una sanción económica, salvo que el propio afectado lo rechazara. ¿Por 500 euros se puede inhabilitar –sine die de inicio ni final– a un cargo electo? Mejor no compararlo con otras situaciones de a diario.

¿Por qué la presidenta del Congreso, tras haber resistido el primer envite del Supremo con el respaldo de la abogacía de la cámara, se escudó en una pregunta al presidente del máximo tribunal y, luego, cuando este respondió sin responder –exigiendo el cumplimiento de lo ya dicho sin aclarar los términos de su resolución– tomó la decisión de expulsar al diputado?

¿Por el obligado acatamiento de la justicia o para destacar los distintos códigos éticos que unos y otros grupos de la cámara y de la sociedad se aplican a sí mismos? ¿Para no enturbiar aún más el cenagal parlamentario o cómo única manera de zanjar el asunto con rapidez? ¿Para evitar un enfrentamiento entre dos poderes fundamentales del Estado, el legislativo y el judicial, o para salvar su propio cargo de presidenta de Las Cortes; es decir, para no verse obligada a dimitir a consecuencia del previsible bombardeo de la oposición?

Demasiadas dudas sin respuesta dejan abierta las interpretaciones e incluso las sospechas.

Y aún queda otra cuestión que no se explica muy bien: ¿Por qué Alberto Rodríguez abandona el cargo a la fuerza y la militancia en Podemos por propia voluntad, si la responsabilidad que señala está en los jueces y en el PSOE? Todo lo demás, incluida la bronca de una parte de la coalición podemita con el gobierno, parece más fácil de entender: Yolanda Díaz no tiene a todas consigo. O sea que, si unidas, no, podemos,  tampoco.

 

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