Razones que se escabullen

A los jueces les cuesta entender algunas motivaciones de los políticos, y puede ser que la incomprensión resulte razonable. A los políticos les cuesta entender algunas motivaciones de los jueces, y puede ser que la incomprensión resulte razonable. A los ciudadanos les cuesta entender unas y otras –o sea, muchas– motivaciones de jueces y políticos, y no solo puede ser que la incomprensión resulte razonable, sino que, además, tengan razón.

Que el exjuez y ahora ministro Marlasca despida a un subordinado, nombrado por el mismo titular de Interior, por negarse a algo que la ley le impide (ya sea verdad o mera excusa) resulta más que reprochable; sobre todo, estúpido. No necesitaba ni argumento ni pretexto. Podía hacerlo sin explicaciones. Habría bastado el informe infame que algunos subordinados del coronel presentaron a la juez y que aparece en el fondo de la cuestión para evidenciar su incompetencia.

Que el juez que ha declarado ilegal el despido del coronel Diego Pérez de los Cobos como jefe de la Guardia Civil de Madrid pretenda asegurar la permanencia en su puesto del subordinado del ministro parece amparar la ineficiencia o el partidismo del supuestamente rehabilitado. Por más que haya muchos argumentos prácticamente irrebatibles.

Sin embargo, los ciudadanos carecen de capacidad para destituir al ministro por iracundo y al coronel por inepto. Pero en el territorio de la justicia que tenemos y en el de la política que padecemos la razón no basta. Se escabulle.

 

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